lunes, 3 de marzo de 2014

Para que vuele el angelito
(Pánico, IV)

Hay un niño que siempre así será,
aún ángel, niño es en mí.
Estático al tiempo, no crece, resiste al dolor,
pero mi cuero envejece, y el ángel debe volar.
Detenerlo no es menester mío, ni quiero,
mas no puedo librarlo, insiste en quedar.
Travieso vivió aquí,
jugando cayó.
Sólo un quejido,
lastimero, se oyó.
Y cuando ya no era,
de sus ojos vi sangre llorar,
cual virgen ante fieles se brota.
Y fue entonces un angelito.
Mas yo su libertad de mí pido
y que para siempre lo guarde el cielo.
¡Ay de mí! Que un día inestable el camino se tornó,
de joven, y nunca más mis pies firmeza pisaron.
Porque vivo me figuré muerto,
y hablaba y respiraba como acto de todo mortal,
sin serlo.
Si indomable es el espíritu joven,
¿qué haces en mí prisionero, ángel niño?
Vuela hacia lo eterno,
tuyo es el firmamento.
No te enclaustres en la memoria,
¿qué lugares en ella recorres?
Toda la has ocupado.
Ruego yo, que volar pueda el angelito,
para que entonces, mis pies en el aire,
tierra firme vuelvan a pisar.
Y liberado él,
liberado yo.

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