miércoles, 12 de febrero de 2014

El castillo de los sueños



Desde la habitación, oigo el tic-tac del reloj del comedor como si estuviera a mi lado.
Cierro los ojos y me acompaño rítmicamente: tic, un segundo, tac, otro segundo, al tiempo que subo por una escalera que conduce a un castillo.
Al llegar al segundo cincuenta y nueve, me detengo frente a la puerta del castillo, pero no ingreso. “La precisión suiza es puramente mecánica, en algún momento fallará y yo habré triunfado”, pienso. Doy una media vuelta que dura un segundo y comienzo a descender con el mismo ritmo que subí.
Subo y bajo hasta más no poder. El reloj ha ganado y ya es imposible sincronizar su tic-tac con el mío.
En el segundo veintisiete –creo-, golpeo la puerta del castillo. Abre un guardia real y me pregunta cuántos segundos tengo. Al decírselos, con una reverencia me señala una cama; y yo, despojado de cavilaciones y relojes, me acuesto en la cama y me quedo dormido.

2 comentarios:

  1. Luchar frente al reloj, al paso del tiempo o contra los sueños es sin duda una batalla perdida.
    Precioso micro.

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    1. ¡No hay manera de ganarle! Gracias por tu comentario y visita al blog.
      Saludos.

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