sábado, 5 de octubre de 2013

Reencarnación

Lo primero que hizo cuando regresó del “Más allá”, fue visitar a su amada. Junto a ella, en el lecho que antes también a él le pertenecía, reposaba su mejor amigo.
-¡Insolentes! No tienen un ápice de respeto- exclamó indignado.
-¡Mosquitos!- se quejaron al unísono los amantes.
Y nuevamente, con la misma frialdad con la que empuñó el revólver, la diestra del impúdico asesino se manchó con sangre.

6 comentarios:

  1. Hay que tener cuidado con el karma, je je.
    Me gustó Diego.
    Abrazos desde Barcelona.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Qué te parece! Hay una característica en los reencarnados -los humanos, no el mosquito en este caso-, y es que la mayoría, en la otra vida, tuvo algún título de nobleza, o fue una personalidad importante y destacable. Al menos los reencarnados que yo conozco, todos tuvieron sangre azul o fueron Saint-Germanin.
      ¡Un abrazo!

      Eliminar
  2. Si ya nuestra vida es efímera, qué terrible luego reencarnar en mosquito :-)
    Buen micro, Diego.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Una miseria! En una época, yo sostenía que los "reencarnados" tenían un miedo atroz a la muerte, anulando por completo la idea de la inexistencia. Tal es así, que no podían concebir otra cosa -ya "El Cierlo", ya la nada- que no fuera volver a un cuerpo humano, en la tierra. Un miedo mucho más fuerte al mío. Por fin, había quienes tenían más miedo que yo.
      ¡Un abrazo, Sara! Gracias por visitar el blog.

      Eliminar
  3. Respuestas
    1. ¡Saludos, Ana! "Matado y rematado". Gracias por visitar mi blog. Tengo que subir un par de textos, pero no tiempo para revisarlos antes de publicarlos. El niño llora y llora, y nosotros estamos durmiendo poco. Jaja.
      Un abrazo desde Pergamino, Buenos Aires.

      Eliminar