viernes, 23 de agosto de 2013

Un caso de complicidad nocturna



La noche invitaba al crimen, pero hasta ese momento todo transcurría con calma. El astuto detective miró el calendario y observó el cielo: la oscuridad delataba su ausencia.
-Es un caso extraño, pero muy evidente. Vamos a dar un paseo- le dijo a su ayudante.
Y continuó:
-Primero iremos a la iglesia; ah, y asegúrese de que su revolver tenga balas.
Ambos marcharon hacia el templo y conversaron con el sacerdote. Después, recorrieron el poblado y se adentraron en la fiesta de disfraces que se celebraba esa noche. La presencia de los agentes causó alboroto en aquella fiesta.
Cuando se vio acorralada, sin éxito intentó escapar; la fuerza de gravedad le jugó en contra. Y entonces, mientras el ayudante cargaba el arma con una bala bendecida por el sacerdote, la cara oculta de la luna reveló al detective la identidad del lobizón.

2 comentarios:

  1. ¿Ahora bendicen balas? No es de mucho sorprenderse, se dice que también las fabrican.
    Como buena frase de detectives: Sigue al dinero.

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    1. ¡Qué bárbaro! Lo que pasa que el cura era el único que podía bendecir la bala para matar al lobizón. Je je.
      Un abrazo, Carlos. Gracias por tu visita.

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