jueves, 16 de mayo de 2013

Cómplices y despreciables


Existen ciertos relojes que son compañeros de la bohemia de su portador, su dueño, y fieles al cómplice lazo de unión, nunca se atreven a interrumpirle el descanso antes del mediodía. Aunque reciban algunas acusaciones como por ejemplo: “está viejo y siempre se atrasa”, “no sonó la alarma, señor jefe” o “se mojó mientras me cepillaba los dientes”; comprenden mejor que nadie las artimañas que usan los hombres para escapar del tiempo.
En cambio hay otros relojes –los relojes canallas- que imponen el tiempo al hombre, simulan sacrificada obediencia a las seis de la mañana, y con presteza arrebatan el sueño de su amo para luego reposar plácidamente durante dieciocho horas.

2 comentarios:

  1. Genial, Diego. ¿Por qué me tocan a mí siempre los relojes canallas? :-)
    Un fuerte abrazo.

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    1. ¡Pero no sos la única! Saludos y gracias por visitar el blog, Sara.

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