viernes, 19 de abril de 2013

La memoria y las palabras

    Quiero compartir con todos ustedes un cuento escrito y leído por mí. Agradezco las sugerencias y comentarios que he recibido durante el mes de abril.  Incluyo, además del audio, el texto para los amigos que tengan dificultades en la conexión a Internet.
Al finalizar la narración podrán oír el tema Homenaje a Bach, del músico argentino Ricardo Vilca.

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Ricardo Vilca (Fuente: Wikipedia)


La memoria y las palabras
La correntada de aire entró por la ventana de la sala de música que Helena abrió para ventilar el vaho de vicio y encierro. Los olores fueron siempre sus enemigos, pero más aún lo fueron cuando la panza empezó a crecer semana a semana y sus sentidos, más agudizados de lo habitual, llegaron al punto de la saturación ante el mínimo estímulo.
La correntada se filtró por el pasillo y viajó hacia mi escritorio, donde yo había dejado el borrador de la columna humorística que debía entregar a la editorial.
Desde la puerta de mi estudio y con la penumbra del velador, divisé un fenómeno que llamó mi atención. Las hojas de mi borrador parecían no estar sujetas a las leyes gravitacionales: el viento las había volado pero no caían, permanecían suspendidas en el aire. Las hojas tenían la liviandad de un peso que se despoja. Ante el fenómeno, pensé en un cansancio mental excesivo o en una ilusión óptica. Encendí un cigarrillo y me acomodé a un costado de la biblioteca, atento por si Helena llamaba. Aunque me vi tentado de advertirle sobre la rareza que estaba presenciando, no creí conveniente interrumpirle el aria que interpretaba con la viola.
Luego, observé que en el centro de mi escritorio, traviesas palabras se tomaban de las manos formando una ronda, de la misma manera que, cuando yo era niño, veía en los dibujos de los libros escolares a la "señora A" y al "señor I" formando un diptongo. 
-Es mi propia escritura la que está jugando- me dije.
Dos integrantes de la ronda, "corrupción" y "política", términos que había adoptado en el texto para ironizar a un personaje, danzaron en el medio de la escena, se miraron y golpearon las palmas de sus manos: derecha con izquierda, izquierda con derecha. Luego se separaron y volvieron a la ronda.
La diversión continuó. En cada exhibición yo disfrutaba de alguna representación imaginaria. Por ejemplo, la sinalefa entre "había" y "algunos" era muy musical porque me imaginaba que Helena, con la viola, sincopaba la última nota de un compás con la primera del siguiente.
Sonó el teléfono y, con el sonido inesperado de la campanilla, las palabras se alteraron. Salí del escondite al lado de la biblioteca para contestar el llamado. El editor solicitaba mi trabajo antes de la media noche, momento en que finalizaba la recepción de los trabajos.
-En un rato se lo alcanzo, don Juan- le respondí.
Las palabras parecieron sorprenderse al descubrir mi presencia, jamás habían advertido que yo había estado allí, contemplándolas. Me acerqué lentamente y todas ellas me miraron como pequeños animalitos curiosos esperando una reacción, un movimiento.
-Nos tenemos que ir…- les dije en tono muy suave.
Helena me oyó hablar y, creyendo que me refería a ella, interrumpió brevemente su ensayo. Me asomé al pasillo, fui hacia ella y le avisé que habían llamado por teléfono; le besé los labios y la panza, y regresé.
Acomodé sobre el escritorio la hoja que aún se mantenía suspendida como un suave lienzo en la atmósfera de la sala. Solemnemente obedientes, las palabras caminaron y volvieron al estado de reposo en el borrador tal cual yo las había escrito. Me asombró la destacable sumisión de las palabras tachadas que, sabiendo su incompetencia y descalificación, se organizaron de la misma manera que las escribí y a la vez deseché.
Puse mi columna humorística en una carpeta y salí a la calle. Mientras viajaba hacia la editorial, deduje que la memoria de las palabras fue fundamental en la formación de la escritura. Tal vez si el viento las volara y yo no pudiera alcanzarlas; o tal vez si alguien me callara, ellas mismas se encargarían de escribir durante la ausencia de mi pluma.

lunes, 8 de abril de 2013

Audiocuento "El árbol de la buena muerte", de Oesterheld

    He decidido que el tercer audiocuento sea "El árbol de la buena muerte" por haber sido unos de los que me acercó a Héctor Germán Oesterheld, escritor, además, de El eternauta.
    Al finalizar la audición del cuento podrán oír "Lejana tierra mía" en la voz de Carlos Gardel.

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Héctor Germán Oesterheld (Fuente: Wikipedia)

viernes, 5 de abril de 2013

Audiocuento "El reproche" de Fontanarrosa

    Quiero compartir con todos ustedes el cuento El reproche, de Roberto Fontanarrosa. Al final de la narración podrán oír "Madame Ivonne" en la voz de Carlos Gardel.

jueves, 4 de abril de 2013

Audiocuento "El Curandero" de Manuel Ugarte

    Hacía tiempo que venía con la idea de leer y grabar un cuento y subirlo al blog. Es una prueba, diría que es un ensayo porque mi experiencia como lector delante de público es nula. Más bien quisiera que mi lectura  se tome como una compañía. Algunos dirán: "Bueno, pero algo así es la radio". Y la verdad que sí, si tuviera la posibilidad lo haría por radio enviando mis grabaciones.
    Durante el mes de abril tengo planeado subir cuatro audiocuentos, siempre que el tiempo me lo permita y la crítica hable más o menos bien; aunque prefiero seguir adelante a pesar de los tomates y lechugas que recibiré.
    ¡Un momento, señora! No sea impulsiva y no se adelante a arrojarme con verduras... Sí sí, es válido también para los pepinos.
    Sepan disculpar la baja calidad del audio y de mi voz.
   En esta oportunidad, el cuento que voy a narrar es del escritor argentino Manuel Ugarte, titulado "El curandero" y publicado en "Cuentos de la Pampa".
     Les agradezco la lectura y escucha. Y a continuación, el audio:


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Manuel Baldomero Ugarte (Fuente: Wikipedia)