lunes, 30 de diciembre de 2013

Comentario de bar de Armando Puccio

  
    La necesidad de ponerle fin al año en transcurso está influenciada por diciembre que, además de limitarse a 31 días, es el último mes del calendario. 
                                                                                  (Armando Puccio, julio de 2010)

martes, 17 de diciembre de 2013

Coincidencia en la ruta





El cielo se mantenía despejado desde el amanecer. Solo algunas nubes abajo, hacia el Sur, rompían la monotonía entre el azul y la llanura.
Por el carril contrario de la autopista transitaba un ómnibus, y detrás la visión, una instantánea que duró apenas un segundo: mi vida, muy veloz, se adelantó al bus pasándolo por la izquierda.
Busqué una dársena sobre mi derecha, y al divisar una me detuve. Mis manos permanecieron sujetas al volante. La tensión tras la fugacidad del instante en que había durado la imagen, me dejó inmóvil. Inhalé aire profundamente y lo contuve. Después exhalé. Y en cada ejercicio de respiración hacía una pausa, una pausa en la que los latidos de mi corazón resonaban en cada parte de mi cuerpo.
Sentí el impulso de perseguir la fugacidad, al menos para encontrar el destino de aquél vértigo. Encendí el motor, y antes de volver a la ruta tuve la precaución de observar hacia atrás por el espejo retrovisor.
 A pocos metros, un cartel señalizaba un atajo hacia el carril contrario; una vez allí, doblé y tomé la dirección de la imagen fugaz. El viento desplazaba a las nubes del Sur hacia el Este, el costado del camino.
Mientras transitaba alcancé a un ómnibus, y, para transponerme, di un giro de volante a la izquierda. Aceleré. Y de nuevo la visión, una visión que duró apenas un segundo: mi vida, como un viejo film, pasó por el mismo carril adelantándome a mí mismo hasta evaporarse en la lejanía.
Llegando al límite interprovincial apuré mi automóvil tanto como el motor pudo responder. Preferí arriesgar la máquina, no era cuestión de que se me escape la vida justo cuando habíamos logrado coincidir, en la misma ruta, y hacia el mismo rumbo.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

El que al fuego resistió



Sucedió en un pueblo de provincia, que un pequeño gato de Angora, espantado por el estallido de una maceta, trepó en un poste de luz; y como no lograba descender, desde la altura maullaba pidiendo auxilio.
-¡Bomberos! ¡Bomberos!- gritaron los que habían presenciado el episodio.
La sirena de viento de la autobomba del pueblo se anunció de inmediato, y con el sonido irritante, el animal se alertó.
Cuatro bomberos, incluyendo al jefe del cuartel, conformaban la dotación. El gato, asustado por el movimiento en derredor a él, puso su cuerpo en guardia: lomo arqueado, uñas fuera de las manos, cola erguida y tensa. Pero al ponerse rígida la cola, tocó los cables que suministraban electricidad a la población, y entonces, las chispas producidas por el contacto encendieron los pelos.
El gato de Angora bajó del poste, cruzó la calle y se escondió en una de las viviendas de la vereda opuesta. Con los pelos en llamas, encendió una a una las habitaciones que recorría, y debajo de una cama se refugió.
-Menos mal que estamos aquí para apagar este incendio ocasional, pero no menos importante es que haya bajado el travieso animalito- se manifestó airoso el jefe.
Amedrentado por el agua que arrojaban los bomberos, el animal escapó por una ventana y se cobijó entre las ruedas de un camión, que, a causa de las llamas del felino, comenzó a incendiarse. El combustible se derramó como un hilo incandescente y se filtró entre los pastizales de los terrenos linderos.
Se oía el crepitar de la maleza seca a medida que se consumía, cada vez más distante aquel sonido, ya inalcanzable.
 Esta vez, el jefe de bomberos dijo asombrado:
-¡Caramba! Estamos preparados para bajar un animal y apagar un incendio, pero no para combatir este infierno que se ha desatado. Despliegue una línea más, Ordoñez.
El gato, mientras ardía, salió de la maleza persiguiendo a los roedores que escapaban de los campos en llamas. Su cola estaba completamente consumida, pero el resto del cuerpo tenía abundante pelo para alimentar la lumbre.
Corriendo a uno de los ratones, el minino ingresó a la quinta de Don Basualdo. Al escabullirse entre los árboles frutales y las hortalizas, encendió las hojas secas que, a la vez, consumieron toda la plantación. Don Basualdo, intentando acabar con el pirómano felino, soltó a sus dos perros. Pero el gato de Angora, aterrado por la persecución de los canes, huyó de la huerta en llamas y se escondió dentro de la cabina de la autobomba. En pocos segundos, el vehículo se destruyó sin que los bomberos alcanzaran a salvarlo; la poca agua almacenada en el tanque cisterna, se evaporó por la elevada temperatura.
-¡Ahora sí que estamos perdidos! –se lamentó una vecina llevándose las manos a la cabeza.
Enfurecido, el jefe de bomberos dijo:
-Quedó demostrada nuestra ineptitud frente a un gato que, inesperadamente, destruye el pueblo; pero más ineptos somos ahora sin nuestra herramienta de extinción.
El fulgor del incendio alumbraba los rostros desencajados de la población que se mantenía expectante. Todo lo que aún no se había quemado se derretía por el calor envolvente de las llamas. La misma suerte corrió el edificio municipal que no tardó en colapsar; pero antes de que esto suceda, el intendente había sido rescatado junto a la secretaria y dos empleados.
El destacamento de policía, la pequeña iglesia, el cine Monumental: todos reducidos a cenizas.
-Sería conveniente que salgamos corriendo de este quemadero antes de que nos derritamos nosotros también- aconsejó un vecino, y nadie dudó que lo más conveniente era actuar con prisa y decisión; ni siquiera tres de los bomberos, desahuciados, dudaron en abandonar la tarea.
-¡No hay tiempo para las pertenencias! –advirtieron.
-¿Cuáles pertenencias? Se nos ha quemado todo en pocos minutos-  protestaron desde la caravana que emprendía el éxodo.
-Mi pueblo… Mi pueblo consumido- se lamentó acongojado el intendente.
- ¡Ordoñez, no se quede ahí parado! ¿Está ciego usted?
Desde el centro del incendio, Ordoñez vio alejarse a la multitud. El gato aún corría como un condenado. El pobre animal había llevado el fuego con él, y, el poco pelaje que aún tenía sin consumirse, terminaba por hacerlo.
El bombero, solo, se sacó el casco y, dirigiéndose al animal, dijo:
-No se pueden ir así; tenemos que seducir a los habitantes para que regresen. ¿Qué te parece, amiguito?
-Miau… - respondió el cuadrúpedo.
Entonces, sabiendo que el fuego no había destruido los sentidos, de un soplido, el bombero apagó los restos ígneos que asomaban por las orejas del gato y se fue a descansar.
Ya era suficiente. Al otro día, lo esperaba la reconstrucción.

sábado, 30 de noviembre de 2013

Las aventuras de Cachito
(cuento infantil)

Soy un pez viajero, y son muy pocas las tierras –o mejor dicho, las aguas- que no he visitado. En mi maleta de viajes, conservo algunos recuerdos: piedras brillantes del fondo del océano; un anillo de oro hallado en un barco pirata en el Mediterráneo; y una pequeña botellita con una carta dentro.
Tengo otros recuerdos que, aunque de ellos no guarde un testimonio material que los certifiquen, como una foto o un relato escrito, permanecen vivos en mi memoria. Son recuerdos que sin duda han enriquecido mis viajes. ¿Quién puede quitarme la satisfacción de haberle ganado una partida de ajedrez al ser más inteligente de los mares? En la isla de Java destroné al gran ajedrecista, un intelectual asombroso: el pulpo. Pero además del juego, he ganado una gran amistad con él. Y después del triunfo, le estreché mi aleta derecha y le prometí que en mi próxima visita él tendría su merecida revancha.
Los mares tropicales, además de la calidez, tienen el encanto de la transparencia. Uno puede navegar tranquilo a plena luz del día sabiendo que, si un pez más grande acecha, cientos de amigos advierten del peligro. Yo mismo le he salvado las escamas a varias mojarritas desprevenidas que, de no ser por mi alerta, habrían sido presas fáciles de los tiburones.
Los sucios ríos, barrosos y empantanados, son un laberinto oscuro, y el paseo por esas aguas requiere de mucha precaución. En varias ocasiones, me choqué de frente con otro pez. Dialogando con un bagre, éste me explicó que los habitantes de esas regiones pantanosas tienen los ojos adaptados a la oscuridad. Mostrándome interesado en la conversación, me preguntó:
—¿Sabe por qué los bagres tenemos los ojos pequeños?
— No lo sé, don bagre, pero explíqueme el motivo— respondí.
 Para mirar chiquitito sin que no se nos meta el barro. Usted, con semejante vista, debería usar antiparras, al menos cuando recorre estos lechos.
Le di la razón, y pregunté:
—¿Y por qué sus bigotes son tan largos?
 Bueno, porque los bagres somos muy finos y reservados. Tenemos nuestro propio estilo, ¿no vio que siempre estamos en el fondo, lejos del resto?— concluyó.
 Sin embargo, las tortugas fueron las que mayor cordialidad me brindaron. Ellas, con asombrado interés, han escuchado cada una de mis historias y leyendas de mar adentro, donde nunca fueron. En casa de las tortugas, siempre he sido muy bien agasajado.
 ¿Otro bocadillo de algas del Río Paraná, estimado viajero?— solían convidarme.
Sucedió una vez, en un puerto marino, que el alimento que había en aquélla zona era tentador. Se veían cardúmenes de merluzas, pejerreyes y salmones que se sumaban al festín. El bocado era abundante, ni en mis viajes por el Pacífico había visto comida así. Y arrebatado, sin pensarlo demasiado, me precipité sobre el alimento, lo saboreé  y lo engullí. Pero caí en una trampa, como el resto de los comensales que había a mi alrededor. Una fuerza extraña, un tirón brusco que no pude controlar, me deslizó hacia el exterior. En pocos segundos estaba fuera del agua, junto a muchos compañeros que, como yo, luchaban por volver al mar.
Alguien desconocido se apiadó de mí. No sé si fueron los colores llamativos de mis escamas o mis ojos gigantes, pero una mano me apartó del resto y me colocó en una pequeña caja transparente, como los mares tropicales. Los mares, tropicales y transparentes…
A partir de entonces, empezaron a llamarme Cachito. Lo deduje enseguida porque era el único adentro. Solo. Solo con dos plantas de algas que si la hubiesen visto las tortugas, seguro que habríamos comido ricos bocadillos. Yo escuchaba “Cachito”, dos golpecitos a la caja y al instante el alimento venía desde arriba.
Comida y refugio nunca me faltaron, pero extraño la satisfacción de viajar por el mundo. Mi espíritu aventurero necesita volver a la acción. Pensé que Alaska podría ser mi próximo destino; eso sí, tendría que conseguir un guía que me prevenga de los osos polares y de los pingüinos. Me han dicho que por mi característica óptica, tengo la posibilidad de disfrutar mejor que nadie las auroras boreales.
Desde un principio supe lo riesgoso que sería quedar atrapado afuera, pero preferí arriesgarme en el viaje. Mi viaje: el salto que me llevaría a Alaska. Pero es de noche, está oscuro, y desde hoy a la tarde, una pececita de escamas coloradas se desliza tímida y sugerente entre las algas de la pecera transparente.

lunes, 7 de octubre de 2013

¡Gracias "La Voz Silenciosa"!



  Quiero agradecer a José Francisco Díaz-Salado Suárez, el creador del programa de radio "La Voz Silenciosa", por la lectura del relato Cabaret "La viuda negra" que fue publicado por los amigos de La Esfera Cultural
  Invito a todos a escuchar La Voz Silenciosa y los relatos en la voz de José Francisco.


Escucha a La Voz en:

sábado, 5 de octubre de 2013

Reencarnación

Lo primero que hizo cuando regresó del “Más allá”, fue visitar a su amada. Junto a ella, en el lecho que antes también a él le pertenecía, reposaba su mejor amigo.
-¡Insolentes! No tienen un ápice de respeto- exclamó indignado.
-¡Mosquitos!- se quejaron al unísono los amantes.
Y nuevamente, con la misma frialdad con la que empuñó el revólver, la diestra del impúdico asesino se manchó con sangre.

miércoles, 25 de septiembre de 2013

martes, 10 de septiembre de 2013

¡Feliz día, maestros!

    Desde aquí, mi blog, quería saludar a todos los maestros y maestras en su día.
    Me atreví a grabar el poema La Maestra, de Héctor Gagliardi, porque describe muy bien las imágenes que guardo en mi memoria de las maestras del colegio primario; ya sea las que yo he tenido durante mi etapa escolar; las otras, las de diferentes materias, la de música, la de dibujo;a las señoritas de las otras escuelas, con guardapolvos diferentes a los que estábamos acostumbrados a ver, de otros colores, con otro corte.
    Un abrazo afectuoso a todas mis maestras y maestros, a mis profesores de violín, Pedro Tejedor y Natalia Usero; y por supuesto, un beso muy especial a Romina, mi pareja, maestra de música de nivel inicial.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Inocencia


Nos comíamos a besos
saboreándonos el paladar
con la carne magra,
del uno y del otro.

Nos comíamos a besos
disfrutando el placer
de la carne virgen,
sin la sazón de la exigencia.

Nos comíamos a besos
sin los condimentos que convierten
la carne viciada en carne magra,
la carne experta en carne virgen.

domingo, 1 de septiembre de 2013

Rutina


Soy el genio que habita en los cubos de caldo para sopa; y debido a la existencia efímera de estos cubos, la industria alimenticia vuelve a envasarme cuando concluyo mi trabajo.
Durante una cocción, entre el humo del hervor, me aparezco ante el cocinero -o cocinera- y le otorgo tres deseos que, frecuentemente, se repiten de la siguiente manera. El primero es de índole gastronómico: un plato sabroso, exquisito. El segundo enfatiza en el éxito de una velada romántica. Y para el tercer deseo, el detergente y los guantes de látex me esperan para refregar la vajilla con agua caliente.

viernes, 23 de agosto de 2013

Un caso de complicidad nocturna



La noche invitaba al crimen, pero hasta ese momento todo transcurría con calma. El astuto detective miró el calendario y observó el cielo: la oscuridad delataba su ausencia.
-Es un caso extraño, pero muy evidente. Vamos a dar un paseo- le dijo a su ayudante.
Y continuó:
-Primero iremos a la iglesia; ah, y asegúrese de que su revolver tenga balas.
Ambos marcharon hacia el templo y conversaron con el sacerdote. Después, recorrieron el poblado y se adentraron en la fiesta de disfraces que se celebraba esa noche. La presencia de los agentes causó alboroto en aquella fiesta.
Cuando se vio acorralada, sin éxito intentó escapar; la fuerza de gravedad le jugó en contra. Y entonces, mientras el ayudante cargaba el arma con una bala bendecida por el sacerdote, la cara oculta de la luna reveló al detective la identidad del lobizón.

martes, 13 de agosto de 2013

Blablándole al micrófono 1

Estimados amigos:
                  He grabado un "experimento de radio" y quería compartirlo con todos ustedes. Podrán oír Metegol, de Fontanarrosa, y La Pelota de Treinta, de Héctor Gagliardi.
Se reciben quejas como por ejemplo "Ay querido, apagá esa radio que nos interfiere el televisor", o sugerencias, comentarios y saludos. 
Agradezco a todos los que escuchen esta especie de piloto, y sepan que no será el único tormento que les impondré: me compré una guitarrita eléctrica -una ganga me salió-.
¡Un abrazo!


Contenido

Charleston, por Django Reinhardt y el Quinteto del Hot Club de Francia. 

Metegol, memorias de un wing derecho, de Roberto Fontanarrosa.

All Of Me, interpretado por el violinista Tim Kliphuis.

La Pelota de Treinta, poesía lunfarda de Héctor Gagliardi. 

Summit, por Astor Piazzolla y Gerry Mulligan.


miércoles, 31 de julio de 2013

Captura


La tormenta se escondió en el horizonte. Y fue al atardecer, que el Sol cayó en la trampa.



jueves, 25 de julio de 2013

Dos microrrelatos en El Living sin Tiempo

    El día 13 de julio, en El Living sin Tiempo salieron al aire dos microrrelatos míos. Los invito a escuchar el programa grabado. Al final podrán oír "Cuestión de pudor" y "Asesino".



sábado, 20 de julio de 2013

Participación en La Esfera Cultural

El mes pasado, La Esfera Cultural convocó a participar a un concurso de textos para marcapáginas. Con los siguientes textos, yo participé del concurso:

Cuida las amarillentas hojas de papel  como ellas cuidaron las palabras impresas en la Historia.

Si en una lectura se te detiene el tiempo continúa, es probable que el escritor haya suspendido por un instante tu creación.

lunes, 24 de junio de 2013

Actor onírico


Como cualquier actor sabe, es fundamental que el espectador no pierda el vínculo entre el escenario y la imaginación. Con una mala representación onírica uno puede quedar desocupado, y el costo, en el gremio de los sueños, suele ser el olvido.
Los libretos y las escenografías se repiten frecuentemente, sólo un poco más de énfasis en algunos discursos para resaltar, según corresponda, la angustia o la alegría. Repetidos son los casos del que sueña que está en un lugar desconocido pero con un paisaje conocido. O al revés.
Hoy en día, con una buena terapia, un actor puede quedar a la deriva, sin empleo. Aunque lo de buena terapia es relativo. En varias oportunidades me han interrumpido de la tranquilidad del camerino con un: “ponete peluca, hoy te toca hacer de Barbie”. Entonces, cuando algo así sucede, no hay porqué asustarse: el soñador renovó el deseo -y el psicólogo no pierde un paciente-.
El rol pornográfico es el más solicitado.  He representado todas las variantes que la fantasía propone; interactué con la panadera, con la cuñada, con la esposa de Iñiguez, con la cuñada y con la esposa de Iñiguez también.
Reconozco que estoy viejo y cansado. Los nuevos actores oníricos podrán resistir el Edipo mejor que yo, en esta época de madres tan jóvenes e insaciables. Y mientras tanto, mientras espero mi jubilación, el papel del que corre desesperado y no avanza nunca, no me desgasta en absoluto.

sábado, 8 de junio de 2013

Ofelia viva


En la soledad del taller, las pinturas nos liberamos del estatismo al que nos sometieron los alumnos. Me cuesta levantarme de la cartulina blanca —me absorbió demasiado—, pero al final lo logro.
Frente a mí, el óleo de “Ofelia viva” —una pintura de un estudiante del ciclo superior— se desliza por la pared que la cuelga hasta que se define nuevamente la figura femenina. Ella me sonríe. Yo, tomando la iniciativa, con mi brazo me enlazo al suyo y la invito a caminar.
Bajo una de las arcadas de la galería nos suspendemos en el tiempo, nos acariciamos los rostros, jugamos a mancharnos las mejillas. Y aunque ella no lo diga, mi monocromía denuncia en su carita una mezcla de gracia y curiosidad. Cuando el juego de las caricias y manchas llega a su fin para liberar el deseo que se venía gestando, nos besamos.
Con la humedad intensa de la pasión, la textura de mi boca de acuarela se deforma. Avanza la humedad, gana el territorio de mi rostro y desfigura mis facciones. Ya ciego recorro su cuerpo con mis manos y juego a ser el pintor de Ofelia, una obra que no me pertenece pero que voy conociendo más íntimamente que su propio creador.

domingo, 2 de junio de 2013

Cuestión de pudor


En ocasiones, los chefs nos apasionamos demasiado con el arte culinario: lecturas informativas, experiencias con diversos sabores, viajes a lugares exóticos. Al conocer las virtudes de otro colega, no dudamos en felicitarlo cuando el plato preparado por él satisface el paladar de los comensales y, más aún, el nuestro. Los condimentos y métodos de cocción empleados difieren notablemente en cada cultura. Carne con tubérculos frescos, recién cosechados. Felicitaría al cocinero si pudiera. Pero aunque lograra liberarme de las ataduras, el pudor que siento al imaginarme desnudo delante de las mujeres y los niños de la tribu, me condena a seguir nadando en esta enorme olla humeante.

jueves, 16 de mayo de 2013

Cómplices y despreciables


Existen ciertos relojes que son compañeros de la bohemia de su portador, su dueño, y fieles al cómplice lazo de unión, nunca se atreven a interrumpirle el descanso antes del mediodía. Aunque reciban algunas acusaciones como por ejemplo: “está viejo y siempre se atrasa”, “no sonó la alarma, señor jefe” o “se mojó mientras me cepillaba los dientes”; comprenden mejor que nadie las artimañas que usan los hombres para escapar del tiempo.
En cambio hay otros relojes –los relojes canallas- que imponen el tiempo al hombre, simulan sacrificada obediencia a las seis de la mañana, y con presteza arrebatan el sueño de su amo para luego reposar plácidamente durante dieciocho horas.

miércoles, 8 de mayo de 2013

Dos brevedades

    Quería compartir con ustedes los dos microrrelatos que envié (o twittie) al concurso de la feria del libro. Fue la primera vez que usé Twitter, así que inesperadamente tuve que recortar los relatos. 
    El tema del concurso era "Puente", y las imperceptibles y desastrosas brevedades son las siguientes:

Después del huracán, la pequeña isla navegaba libre arrastrando el viejo puente que la había aprisionado al continente.


Cuando me escapaba por el mágico puente de siete colores, la voz oscura del jefe desvaneció el colorido camino bajo mis pies.

jueves, 2 de mayo de 2013

Audiocuento "La huida del pintor Notcha"


Cuento de Herminio Almendros. 
El fondo musical corresponde a un movimiento de la Suite "Cuadros de una exposición", de Modest Músorgski. El nombre del movimiento es Bidlo, un carro tirado por bueyes.

Fuente: Wikipedia.

La huida del pintor Notcha
Notcha nació en un lugar de una región húmeda y verde. Su vida de niño había sido alegre entre prados y blancos árboles floridos. ¡La aldea, su dulce aldea, sus viejos padres campesinos, el río transparente entre cañaverales de bambú!... Aquello era todo su gozo y toda su vida. Hasta cuando dormía sonreía soñando la luz de cristal del campo. Desde muy pequeño dibujaba los peces y los pájaros en las piedras lavadas del río, y los rebaños y los pastores en las maderas de los establos. El yeso y el carbón eran lápices mágicos en sus manitas de niño. Notcha creció. En las aldeas y en los pueblos próximos todos hablaban de Notcha. Mucha gente venía por los caminos para ver las pinturas del joven artista. La fama de su mérito fue creciendo, creciendo hasta llegar al palacio del emperador. El emperador llamó a Notcha. Se arrodilló Notcha tres veces ante el Hijo del Cielo, y tocó tres veces el suelo con su frente.
El emperador le dijo: –Te quedarás aquí y trabajarás para adornar los corredores y salones del palacio. Ya he mandado prepararte en una de las salas tu taller bien provisto de colores y lacas y ricas maderas. Tu vida cambiará desde hoy. Ya no volverás allá donde naciste. Notcha estaba triste. Ya no podría ver su casa en la dulce aldea blanca de árboles floridos a la orilla del río transparente y manso. Tendría que contentarse con soñar la alegría del campo en las cerradas salas del palacio guarnecido de barbados dragones de piedra. Trabajaba sin descanso para agradar al emperador. Sus pinturas llenaban los biombos lacados, las puertas de madera y de hierro y los muros de los templos y salones imperiales. Pero su pensamiento volaba a las bellas tierras húmedas donde había vivido feliz. 
Un día Notcha pintó un gran cuadro maravilloso: el transparente cielo de su infancia, el campo de prados, el puentecito de estacas en el río bordeado de bambúes,la blanca  aldea a lo lejos entre vuelos de  patos  salvajes, un rojo sol de aurora y un verde limpio de yerba húmeda. Un gran cuadro maravilloso. Acudían a verlo príncipes y mandarines. Colgado en un lujoso salón del palacio, parecía una ventana abierta en el recio muro frente al más delicioso y sereno paisaje campesino. Notcha había hecho su mejor obra; la que llevaba siempre en su pensamiento y en sus sueños. A él no le parecía una pintura de su país, sino su país mismo recogido en el cuadro como un milagro. Por eso se habría pasado largas horas frente a él, aspirando su aire limpio y fragante; pero el pintor esclavo no podía entrar en las grandes salas destinadas a fiestas y recepciones de príncipes y nobles. Él había de vivir trabajando en su taller, olvidado de todos.
Notcha espiaba siempre para poder ver su cuadro a través de las puertas entreabiertas. Y un día, ausentes un momento guardianes y criados, entró muy despacio, descolgó el campo verde y se lo llevó por corredores oscuros para esconderlo en su taller donde podría contemplarlo ilusionado. La voz de alarma resonó imponente en el palacio y se extendió por toda la ciudad. La pintura maravillosa había desaparecido. El emperador estaba furioso y amenazador. Mil soldados buscaron al ladrón. Llegaron a todas las casas y a todos los rincones. Por fin hallaron el cuadro en el taller de Notcha, escondido entre tablas y lienzos.
El emperador mandó encarcelar a Notcha y le ordenó que siguiera pintando cuadros en la prisión para adornar su palacio. Notcha no podía pintar. Le faltaba luz a sus ojos y le faltaba alegría a su corazón. Entonces lo llamó el emperador y le dijo: –Vendrás otra vez a vivir y a trabajar en palacio.  Para que te contentes te dejaré a solas con tu cuadro unos momentos cada día; pero si intentas algo que pueda enojarme serás castigado sin compasión. Notcha continuó su trabajo. Cada día se le ensanchaba el alma de esperanza frente al campo libre de su verde país. Después, seguía sufriendo la pesada tristeza del palacio imperial. Un día ya no pudo resistir más. Se encontraba solo en la amplia sala, ante el paisaje suyo, mirándolo con grandes ojos muy abiertos. Su aldea, su aldea verde y luminosa; ancho el campo para correr sin llegar al fin, para tragar el aire filtrado por los sauces, para abrazarse a los árboles, para cantar con el viento y oír su murmullo entre los cañaverales de bambú... para huir de este otro mundo negro y pesado como una cárcel.
Sí, ancho el campo, allí cerca, blando de prados, para pisarlos, para correr allá con los brazos abiertos como alas... Y Notcha se acercó, se acercó,  dio un  pequeño salto, se metió  en  el cuadro,en el campo, en los prados, sin buscar los caminos, corriendo, corriendo, sin descanso, alejándose, haciéndose poco a poco pequeño, pequeño, pequeñito... hasta perderse en el horizonte azul. Cuando los guardianes entraron para retirar a Notcha no lo encontraron.
El emperador se enfureció. Era imposible que hubiera salido de allí sin ser visto. Un sabio mandarín encontró la explicación del misterio. Notcha había huido por el cuadro, metiéndose y corriendo por el paisaje que había pintado. Aún se veían las huellas de sus pisadas en la yerba húmeda de los prados.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Asesino

Hay un asesino en la imaginación de un pintor, y éste decide materializarlo pintándolo en óleo sobre una tela. Al finalizar la obra, es titulada “El malevo”.
“El malevo” se desprende de la tela para asesinar al pintor, con el único fin de saciar su impulsiva necesidad criminal. Pero al pretender ejecutarlo, repara que el puñal aún permanece en la mente del astuto artista que, con sarcástica risa, traza en el aire la daga que le da muerte a su creación.


viernes, 19 de abril de 2013

La memoria y las palabras

    Quiero compartir con todos ustedes un cuento escrito y leído por mí. Agradezco las sugerencias y comentarios que he recibido durante el mes de abril.  Incluyo, además del audio, el texto para los amigos que tengan dificultades en la conexión a Internet.
Al finalizar la narración podrán oír el tema Homenaje a Bach, del músico argentino Ricardo Vilca.

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Ricardo Vilca (Fuente: Wikipedia)


La memoria y las palabras
La correntada de aire entró por la ventana de la sala de música que Helena abrió para ventilar el vaho de vicio y encierro. Los olores fueron siempre sus enemigos, pero más aún lo fueron cuando la panza empezó a crecer semana a semana y sus sentidos, más agudizados de lo habitual, llegaron al punto de la saturación ante el mínimo estímulo.
La correntada se filtró por el pasillo y viajó hacia mi escritorio, donde yo había dejado el borrador de la columna humorística que debía entregar a la editorial.
Desde la puerta de mi estudio y con la penumbra del velador, divisé un fenómeno que llamó mi atención. Las hojas de mi borrador parecían no estar sujetas a las leyes gravitacionales: el viento las había volado pero no caían, permanecían suspendidas en el aire. Las hojas tenían la liviandad de un peso que se despoja. Ante el fenómeno, pensé en un cansancio mental excesivo o en una ilusión óptica. Encendí un cigarrillo y me acomodé a un costado de la biblioteca, atento por si Helena llamaba. Aunque me vi tentado de advertirle sobre la rareza que estaba presenciando, no creí conveniente interrumpirle el aria que interpretaba con la viola.
Luego, observé que en el centro de mi escritorio, traviesas palabras se tomaban de las manos formando una ronda, de la misma manera que, cuando yo era niño, veía en los dibujos de los libros escolares a la "señora A" y al "señor I" formando un diptongo. 
-Es mi propia escritura la que está jugando- me dije.
Dos integrantes de la ronda, "corrupción" y "política", términos que había adoptado en el texto para ironizar a un personaje, danzaron en el medio de la escena, se miraron y golpearon las palmas de sus manos: derecha con izquierda, izquierda con derecha. Luego se separaron y volvieron a la ronda.
La diversión continuó. En cada exhibición yo disfrutaba de alguna representación imaginaria. Por ejemplo, la sinalefa entre "había" y "algunos" era muy musical porque me imaginaba que Helena, con la viola, sincopaba la última nota de un compás con la primera del siguiente.
Sonó el teléfono y, con el sonido inesperado de la campanilla, las palabras se alteraron. Salí del escondite al lado de la biblioteca para contestar el llamado. El editor solicitaba mi trabajo antes de la media noche, momento en que finalizaba la recepción de los trabajos.
-En un rato se lo alcanzo, don Juan- le respondí.
Las palabras parecieron sorprenderse al descubrir mi presencia, jamás habían advertido que yo había estado allí, contemplándolas. Me acerqué lentamente y todas ellas me miraron como pequeños animalitos curiosos esperando una reacción, un movimiento.
-Nos tenemos que ir…- les dije en tono muy suave.
Helena me oyó hablar y, creyendo que me refería a ella, interrumpió brevemente su ensayo. Me asomé al pasillo, fui hacia ella y le avisé que habían llamado por teléfono; le besé los labios y la panza, y regresé.
Acomodé sobre el escritorio la hoja que aún se mantenía suspendida como un suave lienzo en la atmósfera de la sala. Solemnemente obedientes, las palabras caminaron y volvieron al estado de reposo en el borrador tal cual yo las había escrito. Me asombró la destacable sumisión de las palabras tachadas que, sabiendo su incompetencia y descalificación, se organizaron de la misma manera que las escribí y a la vez deseché.
Puse mi columna humorística en una carpeta y salí a la calle. Mientras viajaba hacia la editorial, deduje que la memoria de las palabras fue fundamental en la formación de la escritura. Tal vez si el viento las volara y yo no pudiera alcanzarlas; o tal vez si alguien me callara, ellas mismas se encargarían de escribir durante la ausencia de mi pluma.

lunes, 8 de abril de 2013

Audiocuento "El árbol de la buena muerte", de Oesterheld

    He decidido que el tercer audiocuento sea "El árbol de la buena muerte" por haber sido unos de los que me acercó a Héctor Germán Oesterheld, escritor, además, de El eternauta.
    Al finalizar la audición del cuento podrán oír "Lejana tierra mía" en la voz de Carlos Gardel.

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Héctor Germán Oesterheld (Fuente: Wikipedia)

viernes, 5 de abril de 2013

Audiocuento "El reproche" de Fontanarrosa

    Quiero compartir con todos ustedes el cuento El reproche, de Roberto Fontanarrosa. Al final de la narración podrán oír "Madame Ivonne" en la voz de Carlos Gardel.

jueves, 4 de abril de 2013

Audiocuento "El Curandero" de Manuel Ugarte

    Hacía tiempo que venía con la idea de leer y grabar un cuento y subirlo al blog. Es una prueba, diría que es un ensayo porque mi experiencia como lector delante de público es nula. Más bien quisiera que mi lectura  se tome como una compañía. Algunos dirán: "Bueno, pero algo así es la radio". Y la verdad que sí, si tuviera la posibilidad lo haría por radio enviando mis grabaciones.
    Durante el mes de abril tengo planeado subir cuatro audiocuentos, siempre que el tiempo me lo permita y la crítica hable más o menos bien; aunque prefiero seguir adelante a pesar de los tomates y lechugas que recibiré.
    ¡Un momento, señora! No sea impulsiva y no se adelante a arrojarme con verduras... Sí sí, es válido también para los pepinos.
    Sepan disculpar la baja calidad del audio y de mi voz.
   En esta oportunidad, el cuento que voy a narrar es del escritor argentino Manuel Ugarte, titulado "El curandero" y publicado en "Cuentos de la Pampa".
     Les agradezco la lectura y escucha. Y a continuación, el audio:


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Manuel Baldomero Ugarte (Fuente: Wikipedia)

martes, 19 de marzo de 2013

Rebeldes


La monotonía de las oscuras noches urbanas, colmó de bohemia y rebeldía las mañanas de los jóvenes murciélagos.



(¡Hasta el mes que viene!)

Pirómanos



Aunque no lo iba a subir, me gustó la idea de jugar con una acción que se desarrolla, a la vez, en una imagen y en un microcuento.

viernes, 15 de marzo de 2013

Detenido

Dos horas después, la policía entendió que sólo me había fumado las palabras de mi novela rechazada. 

viernes, 8 de marzo de 2013

Trágico final

Las risas del público y los aplausos que recibo al finalizar la actuación, encienden mi espontánea chispa de humor que incendia el teatro.

domingo, 24 de febrero de 2013

Retorno

    Tiempo atrás, la urbanización llegó sin respetar nuestra voluntad. El viejo granjero, segundo nivel sin escalera; la florista japonesa, vereda impar sin sol; un pastor de ovejas como yo, pasillo al fondo sin vista al monte. Con la demolición de los antiguos mausoleos, volveremos al campo libre a dormir bajo las estrellas.

jueves, 3 de enero de 2013

Transmutación

    La luz, la tierra y el patio hicieron de la casa de calle Matheu nuestro hogar.
    Una tarde, mientras Elena plantaba el pequeño limonero que había hecho brotar de semilla, sus manos quedaron atrapadas en la tierra floja de la maceta.
    -¡Octavio, la tierra no me suelta!- gritó con voz trémula.
    Inútilmente traté de desprenderla y, aunque hacerlo hubiera sido fatal, comprendí que había llegado el momento. La llevé al fondo del patio, le saque la tierra que tenía entre sus dedos (el meñique y el anular ya se habían alargado) y la ubiqué al lado del laurel.
    Las primeras semanas me quedé junto a ella abrazando sus pies para que no pierda el equilibrio. Después me incorporé y ayudé a mis extremidades inferiores a enterrarse. Unos gorriones hicieron nido en una de las horquetas más altas del follaje.
    Con la quietud observamos las estrellas durante la noche, el movimiento del sol, las terrazas de las casas vecinas, la sincronización de los semáforos del cruce de las avenidas Paraguay y Ameghino. Comprendimos la mecánica de lo cíclico.
    Elena floreció y tuve que protegerla de las abejas que venían a buscar polen durante la primavera y verano.
    Una mañana mientras el viento barría la hojarasca que cubría nuestros pies, Elena se descubrió una de las flores convertida en fruto, el fruto que con el tiempo también se convirtió en árbol y embelleció el patio de la casa de calle Matheu.