jueves, 13 de diciembre de 2012

Pánico, II

Nada conozco tan absurdo como la mayoría de los sistemas metafísicos que explican el mal como cosa negativa, cuando, por el contrario, es lo único positivo, dado que hace sentir.
 Arthur Schopenhauer.   

    Escúcheme por un instante porque no falta mucho, y cuando termine ya no sentiré el impulso de escribir lo que siento.
    El entorno acuoso es de por sí inestable, pero paradójicamente seguro porque necesita de algo que lo contenga: un contenedor. Todo el contenedor en un momento se destruye y es necesario estar preparado para ese suceso tan doloroso.
    Ya veo algo de luz, y esa luz provoca miedo. En este momento, usted está presenciando un final: parte del líquido que me rodea se está fugando hacia el exterior, y si se fuga es porque hay una grieta. 
  Las hormigas acechan constantemente, pero es necesario seguir. Debo seguir. Con hormigas o sin hormigas, con luz o sin luz debo seguir. Desde tan temprano tengo la amenaza de la muerte, del ataque del exterior. Pero fíjese (y para darse cuenta de ésto hay que vivir una transición: estar dentro y de repente salir) que si el final fuese la muerte, no habría necesidad de crisis: es la continuidad de un presente doloroso lo que deviene en pánico, en irrealidad fisiológica. No existir siendo consciente de la existencia. Angustia no es el final, sino el cíclico padecimiento.
    Ya voy finalizando. Soy un pollo naciendo, saliendo del huevo ¿Un pollo hablando? Sí, y en un futuro me convertiré en una gallina. Una gallina consciente.

2 comentarios:

  1. Ésto es de una grandeza sin precedentes en la ciencia ficción avícola.

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  2. Me hizo reir tu comentario. Ese texto salió una mañana de angustia y no lo volví a ver desde ese día.
    Un saludo y gracias por la lectura.
    Diego

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