domingo, 30 de diciembre de 2012

Profecía

    El único sobreviviente camina entre restos óseos y humeantes de la civilización destruida. Mira a su alrededor y piensa: "si el señor presidente hubiera sido escéptico, ayer no me habría ordenado detonar el reactor nuclear".

sábado, 29 de diciembre de 2012

Las dos dimensiones

   La Tierra y la aburrida voz se pierden en la lejanía. “Uno, dos y tres”, alcanzo a escuchar desinteresado.
    Desde el suelo lunar veo el azul de los océanos terrestres. Miro hacia arriba y salto hacia el planeta Marte, luego a Júpiter, Saturno y Plutón. Donde estoy, muy lejos del Sol, un escalofrío me recorre el cuerpo. “Uno, dos, tres, cinco, siete”, me gritan desde un cohete espacial.
   Tomo impulso con mis piernas y, ayudándome con las manos como si estuviera nadando, aterrizo en un gigante asteroide. “Once, el once también”, pienso.
    Un gran brazo elástico me da vueltas al cuerpo como una víbora capturando a su presa. El brazo me inmoviliza completamente y con la mano me pega cachetadas en la cara. “Números primos, números primos”, oigo confundido. Frente a mí, el universo es absorbido en forma de espiral por la boca de mi profesora que me interroga:
    -Por última vez, ¿cuáles son los números primos, Barbieri?

jueves, 13 de diciembre de 2012

Pánico, II

Nada conozco tan absurdo como la mayoría de los sistemas metafísicos que explican el mal como cosa negativa, cuando, por el contrario, es lo único positivo, dado que hace sentir.
 Arthur Schopenhauer.   

    Escúcheme por un instante porque no falta mucho, y cuando termine ya no sentiré el impulso de escribir lo que siento.
    El entorno acuoso es de por sí inestable, pero paradójicamente seguro porque necesita de algo que lo contenga: un contenedor. Todo el contenedor en un momento se destruye y es necesario estar preparado para ese suceso tan doloroso.
    Ya veo algo de luz, y esa luz provoca miedo. En este momento, usted está presenciando un final: parte del líquido que me rodea se está fugando hacia el exterior, y si se fuga es porque hay una grieta. 
  Las hormigas acechan constantemente, pero es necesario seguir. Debo seguir. Con hormigas o sin hormigas, con luz o sin luz debo seguir. Desde tan temprano tengo la amenaza de la muerte, del ataque del exterior. Pero fíjese (y para darse cuenta de ésto hay que vivir una transición: estar dentro y de repente salir) que si el final fuese la muerte, no habría necesidad de crisis: es la continuidad de un presente doloroso lo que deviene en pánico, en irrealidad fisiológica. No existir siendo consciente de la existencia. Angustia no es el final, sino el cíclico padecimiento.
    Ya voy finalizando. Soy un pollo naciendo, saliendo del huevo ¿Un pollo hablando? Sí, y en un futuro me convertiré en una gallina. Una gallina consciente.

lunes, 3 de diciembre de 2012

Censura

    No lo digo por celos, pero las líneas y curvas de su arte son incoherentes para mí y, al parecer, para ellos también porque no dudan en reprimirlo cubriendo de blanco los garabatos que hizo en la pared de nuestra habitación. Podrían haber esperado un poco más para pintar, al menos por ahora que está aprendiendo a caminar y deja las huellas de sus manitos en toda la casa.