viernes, 18 de febrero de 2011

Ciudad con ojos

    Al salir de su casa del barrio Acevedo, en Pergamino, Doscientos mil ojos menos dos siguió a Evangelina hasta la esquina de Avenida Roca y calle Italia. Doscientos mil ojos menos dos le preguntó cómo estaba de salud su tía y por qué tenían el hábito de comer pollo sin piel, siendo tan rico el cuero crocante.
    -Qué raro una chica como vos. ¿Tu tía le saca la piel cuando lo cocina? Déjenlo más tiempo en el horno y después me decís si no cambia el sabor del cuerito condimentado con mostaza y sal.
    Muy liberal y desprejuiciada, una mariposa revoloteó sobre los canteros de la plaza 25 de mayo, subió hasta la altura del alumbrado público y se dejó caer hasta casi estrellarse contra la vereda.
    En un principio las noticias informaron que una polilla hizo piruetas de ascenso y descenso en el aire, y que era muy posible que el espectáculo se repitiese en las horas siguientes. Dos mil ojos, la única voz autorizada de la ciudad y la única desde hace años, confirmó que las alas del insecto eran de color naranja y negro, con manchas blancas muy llamativas. Así lo dió a conocer en público:
    -No cabe duda que fue una mariposa. De haber sido polilla, ya se hubieran reportado serios daños en los muebles de las oficinas céntricas.
    Doscientos mil ojos menos dos se indignó frente a la iglesia Merced. Evangelina, que no se sintió observada, escuchó y se unió al clamor. Una mariposa de color naranja y negro,con manchas blancas muy llamativas, sin escrúpulos se mutiló la punta de las alas frente a ciento noventa y nueve mil novecientos noventa y ocho ojos más otros dos. De inmediato hubo silencio. La mariposa aprovechó una corriente de aire favorable y se marchó volando con dificultad al ras del suelo. Evangelina pensó en la tía sacándole la piel al pollo, en el pollo y en la reciente mutilación. Prefirió quedarse. Prefirió indignarse.
    La campana de la iglesia empezó a sonar. Doscientos mil ojos suspiró horrorizado y se llevó las manos a la boca.

jueves, 6 de enero de 2011

Pánico

    Me costó trabajo acostumbrarme a caer y amortiguar el impacto, pero con la práctica aprendí a buscar el refugio de las cavilaciones. Antes, mi brutal aterrizaje era sobre el follaje de los árboles del campo, en una laguna o en mi cama.
    Sucede que empiezo con una idea, un pensamiento, después me siento pequeño y la sensación de ser un ave, un diminuto pájaro en un universo lleno de estrellas y planetas tan reales para mí que, si de veras fuera un pájaro, podría picotear semillas de avena en el suelo de Júpiter, de Saturno o descansar en algún asteroide. Pero es solo una sensación y no dejo de ser quien soy.
    No llevo nada conmigo. Supe que no había que llevar nada: una caída podría ser un gran problema para los que están abajo. Qué difícil es el desapego.
    Subo alto, muy alto, hasta ver el límite de lo etéreo. Necesito saber qué hay después y cuestiono mi existencia y final, pero mi entorno se pone oscuro y no encuentro una luz que me guíe hacia una salida. Un sobresalto. El paisaje se transforma. Desde otro punto lejano veo una maza redonda y oscura llena de recuerdos óseos avanzando hacia un único destino: el fuego.
    Todo se desmorona ante mí y ya no me siento liviano. Lo alto y lejos se confunde con las bocinas de los colectivos, los carteles y las luces del centro. Los movimientos suceden muy rápidos y mis pasos son inestables. Siento que no soy real y que sigo allá arriba.
    Ahora ya no caigo, sino que desciendo en alguna mesa del Bar Zappa y los ojos de María dan luz a mi oscuridad. La realidad se transforma en un café, en María riendo, en María de perfil sentada en la mesa de afuera. Y todo es bello, todo es rubio y azul.